14 de noviembre de 2016

Terrenal


El vocablo paisaje se utiliza en diferentes contextos, tanto reales como imaginarios; aparece, entre otros, en el ámbito de la geografía, la economía, el arte, la política o la literatura. Es obvio que el paisaje —y me refiero específicamente al territorio— siempre ha estado ahí, pero no es hasta que se manifiesta la voluntad de la mirada, que se le entiende como algo más que un simple lugar físico. Si bien es cierto que su estudio tiene ya una larga tradición, es hasta hace relativamente poco que se le considera un concepto de excepcional valor semántico y cultural, y no exclusivamente, como el espacio material que aparece frente a nosotros. Hoy en día, la palabra paisaje implica un amplio conjunto de ideas, sensaciones y sugerencias que están asociadas a otros conceptos, tales como la contemplación o la reflexión, dos acciones que demandan gran interés y voluntad, y que involucran, además, nobles sentimientos de asombro, admiración y respeto por el espacio que habitamos.
 
Los primeros en tomar conciencia del paisaje y ahondar en su conocimiento, fueron los científicos y los artistas, —poetas y pintores, principalmente. Percibir la dimensión espacial, ser y estar en el mundo y en la naturaleza, generó, como no podía ser de otra forma, una mayor necesidad de conocer, explicar y representar el mundo. Así, aprendimos a mirar con el corazón y el intelecto, desarrollamos nuevas ideas sobre el paisaje y empezamos a descifrar todo aquéllo que estaba ante nuestros ojos. En otras palabras: el paisaje sólo pudo entenderse cabalmente cuando fuimos capaces de sublimar nuestras creencias, miedos y demás percepciones sobre el mundo exterior.

Es indudable la influencia que el paisaje ejerce en la creación artística. Sobre todo, es evidente la trascendencia que el tema tiene en la historia de la pintura universal. Tradicionalmente, el paisajismo se ha ocupado en reproducir escenas de la naturaleza o la ciudad. Sin embargo, el género no sólo continúa vigente en el arte moderno y contemporáneo, sino que ha logrado convertirse en un tema más abierto y analítico, y ha sido capaz de romper con los moldes de la representación convencional.

No es dificil advertir la dificultad de representar un paisaje. Ésto se debe a que el objeto físico —por su lejanía y extensión— es imposible de abarcar y copiar en términos estrictos. Por esta misma razón, pienso que la pintura de paisajes y la pintura abstracta son dos formas tan cercanas de expresión. De igual manera, estimo que, tanto en la pintura de paisajes como en la pintura abstracta, todo depende de la mirada; de lo que se observa, y sobre todo, de cómo se observa. En conclusión, creo que el abstraccionismo es una vía idónea para profundizar en el paisaje, y viceversa.
 
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Este breve y austero conjunto de 27 pinturas (22 montañas y 5 volcanes) titulado Terrenal, fue elaborado con material reciclado, y viene a ser una inesperada prolongación de Memoria y horizonte (extensa serie de pintura y escultura cerámica relacionada con la noción de límite, concretamente, de horizonte) y Temporada de lluvias (donde el foco de atención fue puesto en los celajes; en el cielo y las condiciones atmosféricas).

Terrenal es una serie que busca profundizar en mi particular manera de sentir el paisaje y de querer transmitir el interés, respeto y responsabilidad que siento por el mundo y la naturaleza. Terrenal es un conjunto de paisajes abstractos e imaginarios, donde el principal protagonista es la tierra y sus formas accidentadas; su orografía. Terrenal refleja, sin proponérmelo, parte de mis convicciones éticas y estéticas más profundas, y manifiesta, en cierta manera, mi claro deseo por cuidar la vida y el planeta. Es también, un reflejo de los bellos momentos que a solas, o en buena compañía, he vivido en comunión con el medio ambiente; con los montes, los valles, los desiertos y los bosques.

Para terminar, quiero decir que con Terrenal, se me ocurre, en un futuro, “poner cierto orden” a mi reflexión sobre el paisaje, y —a manera de colofón—, pintar un nuevo conjunto dedicado al mar, los lagos y los ríos, y así, concluir esta aventura con una trilogía del paisaje que reuna los conceptos de cielo, mar y tierra. JB








 

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